martes, 26 de octubre de 2021

Un mercado y dos realidades paralelas

El Merval mostró fortaleza ante el mal desempeño de los bonos, el Bovespa, el Real brasileño y el peso argentino.


En medio del nerviosismo cambiario, con brecha récord para 2021 y todos los tipos de dólar en ascenso, la última semana consolidó la disociación entre la renta variable y la renta fija soberana en dólares. El Merval medido en dólares contado con liquidación, se disparó cerca de 15,2% desde el mínimo post-PASO, mientras que el promedio de los bonos globales cayó 1,9%.

Creemos que este fenómeno se explica por tres factores principales. Primero, la naturaleza del crédito. Las empresas podrían aprovechar mejor y más rápidamente un cambio en las condiciones macroeconómicas (y la reactivación vigente), mientras que los bonos soberanos responden a un problema bastante más complejo de resolver. Incluso asumiendo un cambio de régimen en 2023, y un escenario macroeconómico de relevante mejora a partir de entonces, no está claro si Argentina podría volver fácilmente a los mercados de capitales internacionales para renovar sus abultados vencimientos a partir de 2024.


Por otro lado, la sensibilidad de los instrumentos también tiene su rol. Un inversor agresivo, que quiere apostar en un escenario optimista y no se preocupa mucho por la liquidez, encuentra un mayor potencial alcista en la Renta Variable. Finalmente, justamente por el bajo volumen operado de las acciones argentinas, una pequeña inyección de liquidez suele tener un mayor y más rápido impacto en precios que en la Renta Fija. En el cuarto año consecutivo de fuertes devaluaciones, el índice de acciones marca sus máximos en pesos, aunque la mayoría de las principales acciones tendría que multiplicarse por 4 ó 5 en dólares, para volver a sus máximos históricos.

Sin embargo, no hay duda de que -a largo plazo- acciones y bonos locales están íntimamente relacionados y condicionados por los mismos factores. Si la renta fija soberana no tiene un sendero favorable (y por ende disminuye el riesgo país), pondrá finalmente un techo a la recuperación de las acciones.

Otro aspecto llamativo de esta disociación es que se produjo en un difícil contexto para emergentes, con el avance de las tasas norteamericanas y de mucha volatilidad en el mercado brasileño. Para un Bovespa y Real que venían ya muy golpeados, el pesimismo hundió aún más los activos, luego que el Gobierno admitiera que podría relajar sus objetivos fiscales a fin de financiar un programa de subsidios sociales hasta finales de 2022, año en que se celebrarán las elecciones presidenciales en el país y en las que Jair Bolsonaro pretende renovar su mandato (cualquier semejanza con el pasado reciente de la Argentina es pura casualidad).

A corto plazo, la mirada de los analistas locales en relación al dólar se centra en el cierre de las colocaciones del Tesoro de octubre, con una gran concentración de vencimientos la semana próxima. Mirando el mediano plazo, las ya demoradas negociaciones con el FMI y para el largo, comienza a preocupar la apreciación real del tipo de cambio oficial que aumentó cerca del 17% en el año, mientras que los precios minoristas lo hicieron un 37%.

En relación a la renta variable y los bonos, las elecciones legislativas del 14 de noviembre son el próximo gran hito a partir del cual se definirá el escenario político y económico de los próximos 2 años. Queda por ver en las próximas semanas si los bonos se acoplan al tono positivo de las acciones o si el rally finalmente se diluye.


Nota Publicada en AMBITO.

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